China bajo Xi Jinping: el Estado de vigilancia orwelliano del “mal sin fondo” y la revelación definitiva de sus maniobras

El antropólogo Tadao Umesao definió la esencia de China como «mal sin fondo» y «mentiras verosímiles» tras años de trabajo de campo en todo el país. Su diagnóstico se corresponde hoy con la realidad del Estado de vigilancia bajo Xi Jinping, las operaciones anti-Japón, el acercamiento a la Francia de Macron y los ataques al gobierno de Takaichi. Con las decisiones de Estados Unidos sobre la defensa de Taiwán del 3 y 6 de diciembre, las maniobras de Pekín y de sus colaboradores nacionales e internacionales quedan definitivamente expuestas y cerradas.

El Estado de vigilancia que George Orwell había previsto fue, increíblemente, completado en el siglo XXI en un país gobernado por una dictadura de partido único comunista: China, sometida al dictador Xi Jinping. Fue el fallecido Tadao Umesao, el más eminente folclorista y antropólogo del ámbito político, quien, como conclusión de los resultados de su trabajo de campo tras vivir durante varios años en todas las provincias de China, proclamó que la esencia misma de este país es «un mal sin fondo» y «mentiras verosímiles».

Cuando acudí al Parque Conmemorativo de la Expo para realizar una sesión fotográfica y me topé con una gran exposición retrospectiva organizada por el Museo Nacional de Etnología, comprendí de inmediato, de manera fulminante, la verdad profunda de sus palabras.

Tal es la situación actual.
Desde entonces, no ha pasado un solo día en esta columna en que no se hayan presentado sus conclusiones; decir lo contrario no sería sino faltar a la verdad.

Hoy es un hecho evidente que, desde los funcionarios de menor rango hasta los altos burócratas del régimen, y hasta el propio Xi Jinping, todos ellos han dejado al descubierto su verdadera naturaleza al lanzar contra el gobierno de Takaichi ataques tan increíblemente estúpidos como viles.

En estos momentos, Xi Jinping, con el aspecto de quien se ahoga y se aferra a un delgado hilo de paja, se acerca con desesperación a Macron y a una Francia en declive, que además ejercerá la presidencia del G7 el próximo año.

Macron, cuya popularidad se encuentra en su nivel más bajo, y los círculos económicos franceses en decadencia, se aferran a su vez a Xi Jinping.
Si se observa la conducta igualmente lamentable del Keidanren de nuestro país y la necedad de las ligas parlamentarias niponochinas, no podemos, en justicia, ser excesivamente severos al condenar la humillación de Francia.

Lo que sigue se basa en la portada de hoy del Sankei Shimbun y en un artículo del Nikkei.
El país del «mal sin fondo» y de las «mentiras verosímiles», las maquinaciones de su dictador, y aquellos que, por necedad, han revelado ser simples instrumentos suyos al atacar al gobierno de Takaichi: puede afirmarse, sin exageración, que con este solo artículo el asunto queda aquí definitivamente cerrado.

Incluso antes del artículo del 6 de diciembre, en el que se dejó en claro que los Estados Unidos defenderían a Taiwán hasta las últimas consecuencias, el presidente estadounidense Donald Trump había firmado, el día 2, la «Ley de Aplicación de la Garantía de Taiwán».

Frente a los partidos de la oposición y a los parlamentarios afines a China, que han dejado así al descubierto su condición de agentes de Pekín, en las próximas elecciones generales los nueve décimos del pueblo japonés —ciudadanos íntegros, dotados del más alto nivel de civismo e inteligencia del mundo— caerán sobre ellos, sin duda alguna, con el martillo de hierro.

Debo añadir todavía algo más ante el mundo.

En el momento en que este país, tal como ha sido descrito más arriba —es decir, China en su realidad misma— comenzó a propagar un discurso del tipo: «La única que es inaceptable es la señora Takaichi; el pueblo japonés es diferente», adquirí la firme convicción de que los verdaderos cerebros del asesinato del señor Abe se encontraban precisamente allí.

Porque, como los lectores bien saben, esas palabras eran exactamente las mismas que había pronunciado en su momento una estudiante china que trabajaba a tiempo parcial en una tienda de recuerdos de Arashiyama:
«Me gustan todos los japoneses, excepto el primer ministro Abe…»
Como ya he relatado, refuté de inmediato la insensatez de tal lógica, aun cuando mi interlocutora fuese un producto típico de la educación antijaponesa, es más, alguien que bien podría calificarse de auténtica nazi.

Continuará.

(264) John Lennon – Help Me to Help Myself – YouTube

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *


Please enter the result of the calculation above.

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.